LA GENTE de PUSHION

 The Pushion People

  

 

 

Por John James Carty

Traducido por Luis Fernando Carvajal

 

 

Capítulo 19: Los Monstruos Capturan a Billy

Hacía frío y estaba oscuro en las colinas de Lake Shikotsu. Billy estaba volviendo de la famosa Feria de Nieve en Sapporo, Japón, en donde él había ayudado a construir una gran estatua. Él se había retardado demasiado durante el día, mirando el paisaje, y había perdido contacto con su grupo.

 Esculturas de dinosaurios en la nieve

 Los Pushions siempre tienen cuidado para viajar en grupo cuando están en el mundo, aunque sólo están realmente sanos y salvos cuando están en casa en el Gran Cañón. Con los años el monstruo Anikk nunca había renunciado a tratar de capturar a los Pushions, incluso un único Pushion, por lo que ellos estaban en peligro en cualquier momento que estuvieran solos en el mundo. Billy sabía esto muy bien.


De repente, la noche se hizo mucho más fría y había un fuerte viento silbando sobre el lago. El viento levantó a Billy en el aire como una hoja, alto en el cielo. Un olor horrible rodeo de Billy a pesar de que estaba volando a toda velocidad a través del aire fresco y limpio. Él conocía ese olor - era el olor de Anikk!

Trató de mantenerse tranquilo, pero él estaba asustado. Él no podía ver nada hacia abajo o hacia arriba en el cielo oscuro. Pero sabía que había sido capturado por un viento maligno controlado por Anikk.

Supuso que el viento se lo llevaría Dalriada. Se concentró en ejercicios mentales para combatir el pánico y cerró los ojos con fuerza. Finalmente, el viento se calmó y él aterrizó. Era el amanecer y pudo ver que había aterrizado en el patio del castillo de Anikk, que él conocía muy bien a partir de las historias y canciones de los Pushions.

Dos esclavos aparecieron y sin decir una palabra, ni siquiera mirarlo directamente, se lo llevaron a los profundos calabozos debajo del castillo.

Billy esperaba que fuera llevado donde el mismísimo Anikk, pero los días pasaban y él nunca fue llamado. Los guardias colocaron pesadas cadenas alrededor de sus tobillos y le dieron un cepillo de barrer, un cubo de agua y jabón. Le dijeron que su trabajo consistía en limpiar todas las habitaciones del castillo.

El trabajo era muy duro y Billy estaba muy cansado al final de cada día. La comida era horrible: una especie de sopa con pequeños animales muertos en ella; él no podía comer. Ni siquiera podía mirar su plato la mayor parte del tiempo porque era demasiado asqueroso. Pero él tenía que mirar porque a veces le daban pedacitos de fruta fresca, que él podía comer.

Los guardias lo vigilaban cuidadosamente cuando lo llevaban y traían desde su trabajo, pero una vez que él estaba de regreso en su celda, ellos lo ignoraban. Después de unos días Billy se dio cuenta de que los Anikks debían haber olvidado que los Pushions eran narradores, porque nunca lo llamaron. Estaba contento por eso. Sin embargo, su vida era miserable y estaba muy solo.

Un día, Billy terminó su trabajo temprano, y los guardias lo llevaron a través del pasillo principal del castillo, ya que era el camino más rápido de regreso a su celda. Al doblar en una esquina él podía ver una multitud de Anikks reunidos en forma de círculo, mirando algo en el suelo. Los cuerpos enormes de los monstruos Anikks bloqueaban la luz, y Billy no podía ver lo que estaba en el suelo.

‘Vamos a echar un vistazo’, él susurró al guardia,

‘Está bien, pero es mejor que guardemos silencio’, susurró el guardia, como si fuera amigo de Billy. Cuando avanzaban, podían oír que los Anikks estaban muy emocionados. Uno o dos Anikks estaban pateando algo en el suelo.

'¡Vamos a torturarlo!’ gritó uno.

‘¿Puedo patearlo de nuevo?’ le preguntó a otro.

‘Podríamos cocinarlo’, dijo otro, ‘y comérnoslo en un sándwich.’

‘¡Idiota! ¿Comería usted eso en un sándwich? Es verde por todas partes y parece muy flojo, luce como si hubiera salido de su cama!

‘O por su nariz!’ gritó un Anikk más pequeño, de forma rápida intentando esquivar un puñetazo.

Billy se había arrastrado hacia adelante. Por fin la luz de una linterna brilló débilmente entre los cuerpos de los gigantes a su alrededor. Él podía ver una especie de criatura sucia y mojada en el suelo. Era verde y blanda y su cuerpo parecía como si perteneciera a muchas otras personas.